Los sonidos, como los olores, tienen la fantástica cualidad de transportarme en el tiempo.
De ese modo, cada vez que oigo a las chicharras cantar me veo tumbada en la Moncloa, en plena siesta, y al olfato el recuerdo del pegajoso alpechín.
El sonido de bandurrias y campanillas me devuelven a las mañanas de la infancia en la Calle Castillo, cuando los Hermanos de la Aurora salían al amanecer y yo, soñolienta, me levantaba para atisbarlos entre las persianas verdes.
El ruido bronco de un lavavajillas me transporta al piso de Córdoba, cuando ya acostadas las tres hermanas, mi madre lo dejaba funcionando mientras veía la tele en la salita de estar.
…
Si los sonidos tienen esa virtud, mucho más las canciones.
Hoy escuchando Via Dalma, me he encontrado viajando en espacio y tiempo (Barcelona, 1987). Yo aún no había cumplido 16 años y estábamos a punto de cambiar de ciudad y mudarnos a Sevilla. Días dolorosos de muchas emociones encontradas que en plena adolescencia no sabía cómo manejar.
Anusca modificó la letra de la canción en cuestión, y Cristina, Mónica y yo la cantábamos emocionadas adaptándola cada una a nuestro amado.
Escuchando la versión de Sergio Dalma, me he dicho: «Si yo creo que conservo la letra modificada de Anusca en algún cajón…»
Y, ¡oh, terror! La he encontrado:
Yo no te pido la luna, tan solo quiero el momento, de estar contigo a solas, que me cojas la mano y después algo más,
Y luego irnos andando, en la noche hasta la playa, y cuando el mar va cantando me besas y dices mi amor seguirá.
Y cuando acabe el verano, y te aleje la distancia, sólo te pido que te acuerdes de alguien que entonces su amor te entregó.
A encontrarme esto me refería -por ejemplo- como «vergüenza propia» en esta entrada anterior.
Pero, al fin y al cabo ¿Quién no se ha creído y sentido dramáticamente enamorado hasta el punto de creerse morir con 16 años?
¿Y… con 23? … ¿27? …¿32? …¿38?… Glups!! 😉
Yo no te pido la luna.

Aunque no era mi historia sino la de las "CATS", me acuerdo también perfectamente de la versión que hicisteis de esa canción…Me acuerdo como si fuera ayer, de las CATS (o alguna de ellas) sentadas en las literas de nuestro cuarto de BCN con las colchas rayadas de color naranja, amarilla, y no sé que color más…canturreando la canción que le dedicábais a ¿Dick? ¿así se llamaba el que le gustaba a Cristina?
Qué tiempos y qué recuerdos!!!
Así se llamaba! Qué memoria, niña! Pero esa canción no era solo para él.
Las CATs, las lentillas saltarinas de Cristina, el concierto de Duncan Dhu, el barco al que nunca fuimos (¡qué dignas!), las bajadas por Pedralbes, los sueños, los llantos y las risas…
Aysh, qué tiempos más bonitos!!
Que fuerte!L como guardas tantas cosas en la memoria y en tus cajones con tanto traslado! ME ha hecho mucha gracia volver a recordar esos momentos de locas enamoradas!
SI, era DIck pero tb MAnolo…en fin, muchos con tanta hormona revoloteando por nuestro cuerpo.
POr cierto, escribes de coñá!