Cuando empecé este blog me prometí mirar sólo lo positivo de la vida.
Reflexionar sobre las cosas buenas que tenía, que había vivido o que me pasaban y focalizar todas mis fuerzas en ellas para ser más feliz.
La terapia funciona y la recomiendo.
Sin embargo la promesa hecha de «no hablar de lo malo», tengo que reconocerlo, es difícil de cumplir.
La queja, el grito y el desahogo, o simplemente la pequeña travesura de ser un poquito malvada (de las de «sin ánimo de herir»), son peculiaridades de mi persona que faltan en este blog.
Y aunque no tengo intención de cambiar el objeto inicial del mismo, tampoco quiero que a mi amigo Juan Pérez le suba el azúcar tantísimo de leerme (como él mismo asegura), le de un soponcio y nos quedemos sin su divertido blog (El blog de Juan).
Por lo que me saco de la manga (hecha la trampa, hecha la ley… o algo así) una nueva etiqueta para este blog: Mentiras y otros inventos.
Estas entradas no serán tan reales (o sí).
No serán tan personales (o quizás lo sean más)
No serán tan modositas (eso lo veremos)
Habrá crítica (constructiva o destructiva, está por convenir)
Lo único seguro es que voy a disfrutar muchísimo escribiéndolas.
Porque es para eso, para el disfrute, por lo que estamos aquí.
Primera mentira, la entrada anterior: Convivencia

Un honor que nombres a éste degenerado de la sociedad en tu casa virtual. Siempre es genial escribir cosas que te ponen el marcador corporal de azúcar a 500 y todo el mundo no tiene ese don y esa facilidad, personalmente yo para eso no soy útil. En resumidas cuentas, eso sería como si a Loli Alvarez le dá por presentar una candidatura para la real academia de la lengua, algo nefasto paa la sociedad.
Felicidades, otra vez por tú blog !Besos azucarados! jajaja
Juan
Pd: te pongas como te pongas, parece mentira que alguien como tú cambie al rollo urbano o pull and bear y se atreva a mezclar un rebecón con una cazadora vaquera un viernes santo por la mañana !que daño has hecho a la moda en el poblado!
Sabia decisión…
ya estabas tardando…. 😉