Él preparaba todas las noches la cena.
Le gustaba cocinar y relajarse entre fogones, y de esa guisa ponía punto y final a una larga jornada de duro trabajo.
Cuando todo estaba listo la llamaba a la mesa.
Ella se encontraba siempre un plato sencillo y perfectamente decorado.
Y una copa con vino en lugar de dos.
– ¿Qué pasa? ¿Que yo no quiero vino?– preguntaba enfurruñada.
– De ésta podemos beber los dos…
Siempre se repetía la misma escena. Y ella molesta, siempre se quejaba:
– ¿Otra vez te has olvidado de mi copa?
o tal vez
– ¿Es que quieres todo el vino para tí?
Y él le ofrecía la suya y ella protestaba y recalcaba que no entendía porqué.
Aquel día se entretuvo en el trabajo y al llegar a casa la cena estaba lista.
Sobre la mesa dos platos servidos y dos copas a medio llenar con su vino preferido.
Él, sonriente y cansado, le tiende una copa.
Ella se deja caer en la silla.
Alarga la mano.
Da un sorbo.
Saborea el vino y el silencio.
Pasados unos instantes mira a su marido y señalando con la cabeza esa segunda copa añade:
-¿Qué pasa? ¿te da asco compartirla conmigo o qué?

Pero que mal que nos pones a las mujeres!
jajajajajajaja
Genial!
Como la vida misma Fi…:!!