Estoy preparando una coreografía con mis sobrinas. Llevo casi un mes ideando los pasos y el jueves pasado por fin se los enseñé. Me gustaría que la bailaran en Nochevieja delante de la familia. Si al final no se atreven no me importará (mucho), pues lo más divertido es el «antes de».
Encerradas en el cuarto de Andrea y Lucía fue como volver a la niñez, solo que sin la necesidad de rebobinar la cinta todo va mucho más rápido.
En el camino de vuelta a casa, con una sonrisa de felicidad, pensé en lo importante que ha sido el baile en mi vida.
La primera coreografía que recuerdo fue aquella orquestada por José Miguel un Fin de Año en casa de los abuelos. Se me quedó grabada porque el abuelo Pepe lloró emocionado al ritmo de Yuri y su Y descubrir que te quiero, y al terminar vino a darnos un beso a Marisol y a mí y nos dijo «yo si que os quiero, un montón.»
Esto – ahora lo sé- tiene mucha importancia porque mi abuelo no era una persona muy expresiva y algo debieron intuir mis ojos de niña, para registrar aquel momento como recuerdo imperecedero.
Luego vendrían las de Zalima, con Susana de profesora y que representábamos delante de un público más numeroso y ajeno. Bailamos de todo, desde Parchís hasta El Cascanueces pasando por soy un soñador de Cadillac y otras de corte similar.
De entre ellas mi favorita sin duda can’t take my eyes off of you, la versión de Boys Town Gang. El baile de «antiguos» que lo llamábamos por el vestuario: ellos con chistera, bastón y frac, ellas con sombrilla y tul.
Esa canción fue tan especial en mi niñez, que quise que fuera protagonista en nuestra boda, y la elegimos para entrar en el salón. Además, algunas de esas maravillosas amigas que la vida me ha regalado se prestaron a ensayar un baile con ella y dedicárselo a JS delante de todos los invitados.
Lourdes, Nuria, Natalia e Inés, gracias por ese momento tan divertido y único. Gracias por seguirme el juego para hacerme feliz.
Luego vendría Love in the first degree de Bananarama, y todos aquellos vídeos ensayados y repetidos en La Moncloa, los bailes improvisados con Irene en la noche sevillana, el Canibal com um penacho na cabeça en el Holiday Dream, Ojos Así en mis clases de danza del vientre,…
Y un largo etcétera que conforman muchos, tantos, quizás incluso demasiados momentos de hacer el idiota, para muchos el ridículo, pero a mi -como ya sabréis a estas alturas – eso me da igual.
Lo que experimento bailando, incluso bailando mal, es una sensación de libertad auténtica, de no importa lo que hagas, ni las formas, ni el qué dirán…¡Me encantan las canciones que provocan un salto al vacío de mi auténtico yo!
Y espero seguir escuchándolas y bailándolas hasta el final.
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si que me acuerdo bien de esa entrada en el salón de uno de tus días mas especiales, todos con servilleta en mano y por donde miraba lágrimas saltadas, fue emocionante y de las mejores entradas que he visto (y mira q he ido a bodas jajajja)
Y unos cuantos bailes más…jardín de rosas, cola cao, "extasi, extano…", aquella que bailábamos en Sevilla del Cd Maquina Total 2,"mi abuelita camina pa`lante.." o aquel recibimiento triunfal que os hice a Natalia y a ti en Sevilla con "La cabra, la cabra"…
Qué buenos momentos hemos vivido gracias a ellos..
Sí, y "Eres un golfo, y esto tiene que cambiar…"
Sin contar lo que hacíamos en Dr Ferrán "dime tu nombre, y te haré reina en un jardín de rosas…" o "Made in spain"
Si es que tenemos coreografía pa tó!!!
La de jardín de rosas ya estaba incluida en mi comentario…pero la mejor coreografía sin duda la de "losing my religion" o "vamos a hacer un poquito el tonto, pa' que se ventilen…"
Y aquella de Locomía… "Niña, niña, no te quiero ver, i need you girl…" Jajaja, qué horterada!!