

Tu llegada al piso de Córdoba con el bolso lleno de gusanitos, y tus guiños precipitados para que no se enterara mamá. Tus canturreos al regar las macetas. O cómo mimabas el níspero y la parra, o cómo recogías jazmín para luego hacernos unas moñas y ponérnoslas en el pelo o prendidas con un alfiler. Con esto no os picaran los mosquitos. Asegurabas.
Tu lata azul de Nivea para las piernas, tu lata verde de Astrid para las manos. Tu tubo aplastado de Trombocid.
Tus pasitos cortos cuando ya usabas bastón y tus zapatos negros de tacón alto a los que tanto te costó renunciar. Tus medias y tus ligueros. Tu tinte blanco azulado. Tus ojos verdes. Tus rijas y cataratas. Tu rosario. Tu transistor.
Tu manera organizada de doblar los calcetines, tu paciencia enseñándome a hacer la cama. Tu esmero liando croquetas o pelando huevos duros.
Tus reproches pasados los 75 años: Estas arrugas son por tu culpa que me echabas colorete cuando eras pequeña…
Tus confesiones cuando ya teníamos una edad o incluso novio: Yo hasta una semana antes de la boda no supe que los niños no nacen por el ombligo.
Tus enfrentamientos y también tu tierno asombro ante las novedades de este mundo vertiginoso. Tus reparos para montarte en las escaleras delcortingles, tu desconcierto la primera vez que fuiste a un cajero, tus broncas a los malotes de las telenovelas. Tu espíritu siempre dispuesto a un baile, a una broma o a un disfraz.
Hace más de catorce años que te fuiste, que celebro sola nuestro día. Y te sigo queriendo exactamente igual.
Feliz santo, abuela.

🙂 Me ha encantado!!
Hermosas líneas!
Precioso recuerdo.
Yo aún tengo reciente de tu abuela, cuando hacíamos alguna travesura, cosas de niñas, la rapidez con la que concluía: «seguro que ha sido invento de Yoya» (o al menos eso me decías, entre risas, jeje)
Besos.
Es verdad, siempre te echaba a ti la culpa!! En su cabeza no cabía que su nieta fuera «revoltosa»… Un beso