De vez en cuando me gusta echar la vista atrás (miradas atrás, pasos adelante) para analizar la trayectoria de mi vida, si voy por donde quería o si es el momento de girar, cambiar el rumbo o incluso abandonar lo que estoy haciendo.
Lo de bucear en situaciones pasadas es relativamente fácil en mi caso pues de algo me tienen que servir las miles de libretas garabateadas, las cartas conservadas y los folios repletos y encuadernados de sentimientos y vivencias, con los que al releerlos-para qué lo voy a negar- me suelo abochornar. 😉
Hoy me he encontrado una carta que le escribí a Angi (mi querida prima-amiga-ahijada) cuando ella se había ido a vivir a Lyon, mi hermana Inés estaba a punto de dejar la ciudad para instalarse en Madrid y yo había empezado a trabajar en un despacho de abogados en Sevilla.
Me ha llamado especialmente la atención un trozo que dice así:
«…Además siento que mi vida no tiene mucho sentido. El trabajo es un rollo. Me sienta bien porque me saca de casa pero no me apasiona ni mucho menos… Tengo la esperanza de que sea porque al principio no se entera uno de qué va la cosa (por lo menos yo).
Tengo miedo a ser una fracasada. Por mí me pondría a estudiar otra carrera (publicidad) pero luego pienso ¿Y si también me equivoco?
Ya no tengo edad para hacer cambios en mi vida.»
A parte de la evidencia de que me asome cuando me asome a cualquier etapa de mi vida parece que viva en un eterno día de la marmota (¡¡cuánta intensidad, cuánto melodrama!!)… Lo que más me impresiona es: ¿Cómo llegué a esa aterradora conclusión de que con 24 añitos no se pueden hacer cambios en la vida de uno??
A las pocas semanas dejé el despacho, la pasantía, los trajes, los bolsos de señora prematura y me matriculé en publicidad.
Hoy, que no he llegado profesionalmente ni la mitad de lejos de lo que entonces pretendía y creía que podría llegar, me siento una persona afortunada. Por hacer lo que quiero y me gusta en mis ratos libres y, a parte de eso, trabajar.
Y por haber aprendido a aceptar que todo está sujeto al cambio, que nada es hoy igual que ayer.
Ni tan siquiera yo misma que en los últimos tres meses he sufrido el cambio más importante de mi vida.
Así que no hay excusa. Si quieres un cambio, cambia.
Mientras tengas años, tienes posibilidad. 🙂


Totalmente de acuerdo. Si hay algo que me maravilla del ser humano, es su capacidad de cambio. Quizá por ello me dé tanta rabia cuando escucho "ya a su edad no va a cambiar…".
En fins prima. Bienvenida y ya me contarás cuál ha sido ese cambio.
Son muchos lo que quieren un cambio en su vida y pocos los que ponen los medios para lograrlo. El cambio exige autocrítica, superación personal y perseverancia. No puedo estar más de acuerdo contigo: "No hay excusa. Si quieres un cambio, cambia"
FELICIDADES!!!! Si el cambio al que te refieres es el que creo, estoy de acuerdo contigo en que, posiblemente, sea el más importante de tu vida.