A veces me descubro mirándote embobada, sorprendida por tu ocurrencia, por tu conocimiento o por la nobleza de tu corazón.
A veces te descubro mirándome con orgullo y es entonces, cuando una bolsa de satisfacción explota en mi interior.
A veces me freno los miedos para que seas capaz de volar bien alto,
y me muerdo la lengua para no poner piedras en tu camino,
y te digo que sí para que extiendas tus alas,
aunque por dentro quisiera gritarte que no.
A veces nos enfadamos y me reprochas. Y yo te explico que solo trato de educarte y que, por supuesto, no encarno la perfección.
A veces buscas mi abrazo llorando, y acabo llorando yo.
A veces me emocionas sólo con una frase.
A veces jugamos a las cosquillas y los besos, y tu risa libre, desparramándose sobre la almohada es lo más parecido al sonido de la felicidad.
A veces me descubro embobada mirándote…
¿Dónde se me ha ido este tiempo? ¿Cómo es posible que seas ya tan mayor?
