Ángeles es una persona de ideas claras y corazón siempre dispuesto a ayudar. La conocí en COU, se sentaba justo detrás de mí, y luego hicimos juntas la carrera. (Lo de «hacer juntas» es una manera de hablar ya que ella terminó antes que yo y con muchísimas mejores notas.)
Recuerdo sus ánimos, siempre intentando que viera la parte positiva de aquel nuevo mundo que era la Facultad y en el que yo me sentía tan pequeña, tan perdida y tan incapaz. A ella le debo que mi vida no se fuera al garete en aquellos complicados años de transición.
Muchas veces, a una semana de un parcial, le decía «No me voy a presentar, no he estudiado nada y ya no me da tiempo». A esas alturas ella ya iba por el tercer repaso y aún así le quedaban ganas de ponerse manos a la obra conmigo.
– Vamos a hacer un horario de estudio intensivo para ti – planeaba.
– No da tiempo, sólo quedan 7 días– respondía yo, sin ninguna esperanza.
– Sí lo da. Si cabe en el papel, cabe en tu cabeza, así que ¡a estudiar! – decía tajante.
Y toda dispuesta me elaboraba un plan de estudio de doce horas diarias, seleccionaba y distribuía los temas a lo largo de la semana y siempre me dejaba un día y medio o dos para repasar.
Aprobé muchas asignaturas gracias a ella, a su aliento, a su empuje y a la confianza que tenía en mí.
Recuerdo con especial cariño los preparativos de los parciales de derecho Internacional, una de sus asignaturas favoritas (creo que ahora es doctora de eso) y que yo aborrecía casi en la misma medida que ella adoraba.
Con su voz pausada, su habilidad para exponer y su paciencia infinita, me contaba por teléfono los acuerdos internacionales más destacados, cómo se había formado la Unión Europea o en qué consistía nosecual Resolución.
Y es muy importante que te sepas este principio, este Real Decreto y esta Resolución. Pregunten lo que pregunten tú explícalos.
Y yo lo hacía y aprobaba.
No es mérito mío.El examen lo has hecho tú– repetía abrumada por mis muestras de gratitud.
Cuando terminó la carrera se fue a vivir a Italia, y 6 meses después le envié una carta «He aprobado la última asignatura. Ya soy Licenciada, gracias a ti».
Después perdimos el contacto.
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El pasado mes de junio nos volvimos a ver.
Ella sigue con su sonrisa incontrolada, su mirada serena, sus ideas claras, su peculiar forma de hablar, y además un hijo recién nacido entre sus brazos. Yo sigo haciéndome muchas preguntas, aunque con más autoestima y más ganas de luchar.
Con tantas experiencias vividas y no compartidas, trece años después continúa latiendo en mi ese sentimiento de agradecimiento y amistad.
Cuando pienso en ella me viene a la mente una de esas frases de la libreta cuadriculada «La verdadera amistad está hecha de recuerdos, la interesada de esperanzas». Y es curioso porque esta vez tengo la esperanza de que Ángeles deje de ser sólo un recuerdo y vuelva a formar parte activa de mi vida.
