
Merece la pena estar solo si es para encontrarse a uno mismo. Si es para escucharse, para conocerse, para quererse un poco más.
Merece la pena arrodillarse si es para trabajar en lo que quieres, o para disculparte o para ayudar a otro.
Merece la pena pasar frío, si al final se calienta el alma, desnuda de todas esas cosas que ya no son tan importantes.
Merece la pena construir tu castillo de sueños.
Aunque te sientas sola, de rodillas, y con frío. Aunque no sepas siquiera por donde empezar, con toda esa playa desierta y toda esa arena infinita.
Merece la pena, incluso aunque luego lo devore el mar.
Lo que importa es lo que disfrutas intentándolo. ¡Feliz tarde de domingo!
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