Con el pistoletazo de salida de este veraneo cerramos oficialmente nuestro primer año en Lisboa, y tengo esa sensación nostálgica y placentera que provoca el fin de un curso, cuando se cambia de ciclo y sabemos que a esa etapa ya no volveremos más.
Nosotros ya no seremos unos novatos en Lisboa.
La ciudad que hace un año pisamos y que me tenía en jaque por la incertidumbre y la ilusión que el cambio nos provocaba, ya nunca nos será ajena. Cuando acabe el verano y volvamos – más morenos, más gordos, más descansados… – serán nuestra casa y nuestro hogar quienes nos reciban. Lisboa no será una extraña nunca más.
Cruzando el Vasco de Gama salta una canción en la lista de Spotify. En el asiento de atrás los niños empiezan a cantarla.
Y me da la risa porque me sorprendo emocionada. Las cancioncitas estas francesas siempre me hacen llorar. Pero además me hace gracia su pronunciación perfecta en francés, cuando hace ocho meses apenas lo podían chapurrear.
Es una mezcla de orgullo y paz saber que, entre los cinco, hemos conseguido salir airosos de nuestro primer año.
Y le hemos dado la vuelta al marcador.
Feliz Verano.

Relato maravilloso de resolucion del acertijo de la incertidumbre q te acechó durente meses antes de instalarte alli….
Me alegro tanto por ti y los niños…….
No dejes de contarnos cosas….