El objetivo es tener un objetivo.
Pero no uno cualquiera porque cualquiera no vale.
Tiene que ser uno de verdad.
Uno que te empuje hacia delante y que tire de tus entrañas hacia arriba, cuando el cuerpo esté a punto de derrumbarse.
Uno posible, que no probable.
Uno que te permita probar tus fuerzas. Medir tus ganas. Estimular tu mente. Reconducirte.
Si tienes claro el objetivo, tienes clara la vida.
Querido Álvaro Lasa:
Hoy igual que ayer lo he vuelto a hacer.
Me he sentado delante de un espejo con un papel blanco en las manos y he escrito lo que quiero y lo que no. Hacia dónde voy. Dónde están fallando mis pasos. Retrocedo. Rectifico, … ¡Qué se yo!
Esas cosas que tanta gracia te hacían hace años, cuando en nuestros trayectos diarios en coche, y tras una (o dos, o tres) semanas de sinsentidos, a la siguiente te sorprendía con mi solución. La solución que casi siempre pasaba por ser más exigente conmigo y menos confiada con los demás.
¿Te acuerdas?
Y tú te reías de mis ganas de llorar. De mis berrinches espontáneos. De mis extrañas tristezas. De mis «Ya no pienso» y de mis «A partir de ahora».
Te reías, con tanta gracia y tan poca delicadeza, que al final acababas contagiándome de tu buen humor. Y yo me sentía menos perdida contigo al lado.
Te metías por igual con mis altibajos emocionales y con mis cintas de Sabina (¡Con Sabina, no!).
Y tu forma despreocupada de enfrentarme al mundo, me hacía afrontar la realidad con menos dramatismo y más carcajadas.
La última vez que hablamos, hace un par de meses o más, me sorprendiste entre risas con tu pregunta:
– ¿Pero no me digas que sigues igual?
– ¿Igual de qué?
– Haciendo tus listas y tus propósitos de cambio.
– No, creo que no… bueno… no sé.
Pues sí, querido Álvaro. Después de mucho tiempo, hoy lo he vuelto a hacer.
Y ya que tengo localizados los tropiezos y los errores y he señalado hacia dónde quiero ir, me siento mucho mejor.
El objetivo es tener un objetivo firme.
Si encima tienes a quien contárselo y con quien reirte de él…
Te echo de menos.

Ay prima… ¿y qué decirte yo justo ahora? ¿qué se puede decir ahora, conociendo mínimamente cómo eres, recordando por qué te pasan estas cosas, empatizando contigo e intentando ver qué puede hacer bien y qué puede intensificar aún más esa ansiedad que tienes? Solo se me ocurre decirte que te quiero y que apretes los puños, mires al frente y camines pisando fuerte.
Muakaaaa
PS: Y tó esto sin tener npi, ¿eins? jajajaja
Di que sí Sasha…apretar los puños, mirar al frente y caminar pisando fuerte. Algo que no deja de hacer Japicuin después de vivir cada momento de su vida como si se le fuese la vida misma en él. Es lo que tiene ser emocional…vivirlo todo con especial intensidad. Algo que beneficia muchas veces al que está alrededor…rebosa generosidad aún después de sentirse herida, perdona siempre, olvida pronto, se queda con lo bueno de cada experiencia y de cada uno. Lo peor es que a quien más perjudica es a ella misma…con sus dudas, sus inseguridades, ese cuestionarse permanentemente si lo hace bien o mal y que a la vez le conduce a ser cada día mejor persona. Yo tambien te quiero, estoy contigo y me alegro de que hayas encontrado tu objetivo. Cuando lo logres…no olvides el objetivo de tener un objetivo
… ¿Y ahora que digo yo? La verdad es que recuerdo aquella época con mucho cariño y mucha alegría. Parece mentira que de algo tan simple como compartir unos minutos de camino a clase nos ayudase tanto a los dos.
Seguramente, aunque tú no lo supieras, aquellos ratitos me servían a mí, tanto o más que a ti. Al tiempo que me cachondeaba un poco de ti me daba cuenta también de que yo "tenía lo mío", aunque prefiriese tomármelo a broma.
Recuerdo que los días que teníamos examen, yo que no tenía ni idea (de hecho había días que no sabía ni que teníamos examen) sólo con el repaso (extensito) que tu hacías, me servía pa tirar palante y sacar mi cinquito. Es posible que también ayudaran las 10 ó 15 chuletas que llevaba en el bolsillo.
Pero eso sí, lo que no te perdonaré nunca son las torturas y las sobredosis de Sabina y de Shakira a las que me sometías. La pobre Cristina disimulaba pero seguro que le quedaron secuelas. Eso marca ya pa el resto de la vida.
Ya sabes donde me tienes cuando me necesites.
Yo también te echo de menos.
Un beso.
Álvaro
No hace falta que digas ná!! Pero qué bonito lo que has dicho…
Que nos veamos pronto, y que sigas como siempre.
Por cierto, que Cristinita, mi sinónima, venía loca perdía de fábrica… 🙂
No le echemos la culpa a mi exquisito gusto musical. 😛
MUA!!!!!!