JS quiere darle boleto a la minipimer morada. Y yo me niego.
¡Pero sí es muy vieja! ¿Y qué más da?
¡Pero si es muy lenta! ¿Tenemos prisa?
Las hay mejores.
¿Desde cuándo nos importa eso?
Tengo emperre con mi minipimer morada porque fue el primer electrodoméstico que me compré en el 99, la primera vez que viví fuera de casa.
Fórmó parte de la lista de imprescindibles que elaboramos Anusca y yo aquella mañana de sábado, a principios de julio, nada más llegar del aeropuerto y revisar el apartamento que iba a ser mi hogar. La risa contagiosa de mi amiga, y su rebosante felicidad habían borrado de raiz todos mis miedos.
Y apuntó en mi lista de la compra, entre el mistol, y el suavizante y la escoba, una minipimer, por favor.
Y me la compré. Para hacerme mis gazpachos, mis salmorejos y mis cremas de calabacín.
Y para inaugurar con ellos mi independencia.
Y fue fantástico aquel verano en la ciudad condal, en aquel ático de Gran Vía Carles III, por donde circularon ajenos y amigos, algunos de visita y otros que se instalaron para vivir. Y acumulamos anécdotas con las que todavía nos reímos a carcajadas cuando las recordamos.
Como aquella fiesta de inauguración de la terraza con los amigos de Natalia G. Y cuánta felicidad, que acabó con las buenas relaciones de mis vecinos de abajo.
O la visita del Nellycillo, y la postal que le compramos a la otra Natalia, la Nataligud, escrita íntegramente en nuestro catalán.
Y luego vinieron Joaquinayo y Angi. Y la propia Nataligud. Y nos quedamos sin agua, y no podíamos tirar de la maleta. Y Angi fue a Palma para una selección…Y fuimos al Baja Beach una, dos, tres veces… Y luego Inés y Kuqui. Y David Davis. Y jugamos al potaje. Y yo me quedé sin voz.
Y Jaime y su amigo Carlos, que nos cantaron una serenata en el tren. Yo te daré, te daré niña hermosa… Luego vino Enrique, y la gente me miraba con mala cara en el supermercado del cortinglés: ¿Que le hará ésa -malpensarían- para estar con él?»
En aquellos tres meses, conocí a mucha gente. Algunos pasaron por mi vida haciendo mucho ruido y dejando pocas nueces. Otros apenas se dejaron notar. A otros los recordaré siempre, aunque no los reconozciera si me los encontrara.
Algunos siguen todavía hoy en mi vida.
Como la minipimer morada. Como mi abuena amiga Rosa.
Js quería dar boleto a mi vieja minipimer.
Lo he distraido y hemos cambiado de microondas. 🙂

Pues…. yo quiero una foto de la minipimer MORADA. Vaya gusto niña!
Hombre Fernando!!! Me alegro que mis exquisitos gustos te hayan "removido" lo suficiente como para aparecer por aquí. Cambio foto de minipimer por una de tu retoño… 😉
Aunque, entre tú y yo, después de 12 años podríamos decir que el morado es un lila muy clarito muy clarito…
Un beso
Lo prometido es deuda. Mandame tu email y me debes una foto de la "minipimer".
Un abrazo
Fernando
PD: Que facil soy, no? Eso sí te la mando en plena acción….. ja, ja
Si yo sabía que al final íbamos a ser familia… 🙂