Estoy haciendo limpia de mis papeles y mis letras y he reencontrado el diario de más jovencita que conservo (que no mi primer diario, que ése en un arrebato de vergüenza propia y dignidad quemé hace muchos, muchos años. Una lástima).
Pues ojeando y hojeando este tesoro, escrito entre el 10 de enero del 87 y el 26 de mayo del 89 (es decir, entre mis 14 y mis 16 años) me he encontrado esta parrafada que no me resisto a trascribir:
«Barcelona, 16 de septiembre de 1988
Querido diario:
Quizás el año que viene nos vayamos a Sevilla a vivir. No me hace mucha ilusión, pero así al menos estaré más cerca de Córdoba y de Carcabuey.
Este pueblo me está gustando mucho.
No debería pensar en el futuro pero me gustaría casarme con alguien de allí, es decir de mis amigos.
Y que la gente no se vaya, me daría mucha pena.
Y eso que me llevo mal con muchos, pero el pueblo sin Sanchos, Picolos, Bartivas, Serranitos, Benítez, y Arrebolas,… no sería lo mismo.
Este es mi deseo: que nunca se olviden del pueblo. Y yo tampoco. (…)»
Estos deseos de adolescente me han hecho sonreir.
«Que mis amigos no dejen de ir al pueblo». Era una de mis peores pesadillas cuando los charcues todavía éramos charcuelinos.
«Casarme con alguien de allí». Concretamente ese verano no era un alguien cualquiera, que tenía nombre y apellidos. :-S
«Y eso que me llevo mal con muchos». Qué años tan divertidos de riñas y peleas hormonales entre «ellos y ellas» pasamos…
Al final mis amigos, la mayoría de ellos, dejaron de ir.
Y yo me casé con un francés.
Para compensar este sueño de adolescente frustrado – lo de casarme con alguien de allí- hemos hecho a JS amante del pueblo hasta las trancas y carcabulense de corazón. (Con bautizo en el pilón incluido).
¡Aysh!
Ya queda menos para la Plaza Corta, otra vez.
