Me resulta muy difícil expresar mis sentimientos y explicar mis sensaciones de manera ordenada en este caso:
Podría hablaros de la ilusión y el esfuerzo y las ganas que le hemos puesto a este proyecto.
Narraros las dificultades a las que nos enfrentamos cuando el padre de la criatura decidió que el próximo escenario de su corto sería el interior de la Estrella de la Muerte.
Podria describiros mi cara de desconcierto y el vértigo que sentí cuando me pidió colaborar e hilar un guión en el que mezclaba temas tan dispares y polémicos.
Podría reconocer que me sentí incapaz y que tragué saliva antes de pedirle más información. Luego, alentada por el reto y por su entusiasmo, acepté. ¿Quién dijo miedo?
Podría detallaros los vericuetos y las vueltas que dimos para conseguir dos trajes de soldado imperial de calidad cinematográfica. O cómo ha sido mi buceo en este mundo frikil. O a cuantos contactos hemos movido y pedido favores. (Gracias por poner vuestra intención y vuestras ganas al servicio de la causa y por no dejar de hablarme después de haber estado durante los últimos 7 meses, y nunca mejor dicho, en otra galaxia).
Podría deciros que para construir el escenario Vicente y Héctor renunciaron a la mayoría de sus horas de sol en verano, y a las de descanso en otoño. Y renunciar por esa fe ciega en un proyecto, sin saber si todo lo demás saldría bien, tiene mucho mérito. Ésa es una de las razones, entre otras muchas, por las que tienen toda mi admiración.
Os podría describir la explosión de alegría cada vez que dábamos un paso que nos acercaba un poco más a la meta: el material del decorado, un contacto de un posible dueño de trajes, el croma, el panel de control, alguien que controle en 3D, un estudio en Madrid para el doblaje,… el actor que nos dice que sí…
Podría confesaros también los momentos de tensión, la decepción cuando algo parecía que se torcía, el agotamiento físico y mental, la impaciencia durante la eterna post producción,… ¿Mis arranques de genio? No, esos los vamos a olvidar. 😛
Podría contaros las miles de anécdotas, de horas invertidas, de ideas, de pensamientos, de nervios y de correcciones. Podría deciros que cuando cierro los ojos veo naves espaciales volar. 🙂
Podría contaros todo, y quizás no me hiciera entender nada.
Y es que se me bloquea la capacidad comunicativa ante algo así.
En navidad me preguntó una amiga:
-¿Qué consigues haciendo esto?
– Mucha felicidad.- Le respondí.
Pues eso.
Aquí os dejo a nuestro hijito.
Del que me siento tan orgullosa, y que me hace tan feliz.


El esfuerzo ha valido la pena y el resultado es genial! Mis más sinceras felicitaciones!
MuNNNNNcha felicidad!!!! 😉
Ya te digo… Aunque a veces las fuerzas del mal quieran ensombrecerla… 😀