
Recuerdo la alianza de mamá chocando contra el volante de su Seat 127, cuando tomaba las curvas de las alpechineras, camino de La Moncloa o de vuelta de ella con un coche abarrotado de niños.
Los pies arrastrados de la abuela Feli a medianoche por el pasillo de Sevilla, o el rezo de su rosario cuchicheado en el que solo se entendían las «eses».
Los abanicos contra el pecho de las mujeres del pueblo en la oscuridad de la Iglesia San Marcos, aquellas tardes de sábado del mes de julio.
El chri-chri de las chicharras, orquesta eterna, mensajera de más calor, mientras el agua helada de la piscina se pega al cuerpo chamuscado de sol y de desidia.
El ruido bronco del lavavajillas en el piso de Córdoba, como una nana amenazadora de pesadillas. Los primeros miedos al intuir la ausencia eterna del abuelo Joaquín.
El «clong» alegre que producía la cerradura de la casa de doctor Ferrán, y la sorpresa y alegría inesperada, cuando cada noche y después de tantos años, siempre volvía papá.
Las bandurrias y guitarras de los hermanos de la Aurora, que entre sueños, me despertaban al amanecer.
Las canciones de Jeanette y Adamo repetidas hasta la saciedad en el autocar conducido por Benito que nos llevaba hasta el Encinar.
Los recuerdos se evocan más fácilmente a través del olfato, sin embargo yo conservo en la memoria este batiburrillo de ruidos, y sonidos, y canciones de mi infancia. Un sonajero que me devuelve de inmediato a un estado de felicidad.
Ahora, la edad, o la prisa o la falta de atención me impiden seguir mi colección de ruidos. O tal vez es que rehuyo escuchar al silencio porque lo asocio a la soledad.
Mi yo más listo (todos tenemos uno), el más intenso y profundo me reprocha tamaña confesión:
– Te equivocas – me dice – y lo sabes.
Puede que la soledad se parezca al silencio.
Pero nunca hay silencio si sabes escuchar.

Me ha encantado el post i la foto! Me ha evocado a mi infancia y me ha emocionado!
Me ha recordado a las tardes maravillosas de agosto en mi querido Sitges, regado por el Mediterraneo.
Muchísimas gracias por compartir!
Muchas gracias a ti, Raquel, por leerme! Me alegro que te haya emocionado, es lo que más feliz me puede hacer. Por aquí nos vemos!