A menudo mis deseos
se visten de un único color,
el tuyo.
Impregna mis mañanas,
baña las solitarias siestas,
las tardes efímeras,
las noches eternas.
Me cala
en los huesos,
en el ombligo,
en la lengua.
Inunda los pliegues de mi ceño fruncido,
los hoyuelos,
las comisuras
la sonrisa traviesa.
Me tizna las manos
y el cuerpo desnudo
como hiciste tú en aquella cuesta.
A menudo tu color se impregna en mis carnes
y me escondo en él como en el diente la hebra.
Qué importa que sea rojo, verde o morado.
Un único color avecina tormenta.Pero hay veces,
-inesperadas-
en que mis colores te tientan.
Y hacemos del arcoiris
preludio de nuestra fiesta.
se visten de un único color,
el tuyo.
Impregna mis mañanas,
baña las solitarias siestas,
las tardes efímeras,
las noches eternas.
Me cala
en los huesos,
en el ombligo,
en la lengua.
Inunda los pliegues de mi ceño fruncido,
los hoyuelos,
las comisuras
la sonrisa traviesa.
Me tizna las manos
y el cuerpo desnudo
como hiciste tú en aquella cuesta.
A menudo tu color se impregna en mis carnes
y me escondo en él como en el diente la hebra.
Qué importa que sea rojo, verde o morado.
Un único color avecina tormenta.Pero hay veces,
-inesperadas-
en que mis colores te tientan.
Y hacemos del arcoiris
preludio de nuestra fiesta.
