
Mañana vuelvo a trabajar.
Y tal y como está el patio, aunque sea recurrente decir «qué pereza», lo de tener un trabajo al que incorporarse – ahora más que nunca- es un motivo para estar feliz.
Al enfrentarme a mi vida normal, me doy cuenta de la pequeña evolución que he sufrido en estos cinco meses y medio de baja maternal.
Superado el acojone inicial de ser familia numerosa de golpe, y con el orgullo de ver a mis princesas crecer y al rey de la casa adaptarse con facilidad y cuidar de sus hermanas, he aprendido a relajarme (JS no está muy convencido de este punto) y a disfrutar de la vida tal y como es.
Si tuviera que destacar algunas de las cosas que en estos meses me han impulsado hacia delante serían:
El apoyo incondicional de JS. La infinita paciencia que tiene, con los niños y conmigo. Y lo reapañao que es. Me siento muy orgullosa de él. Y muy afortunada por tener a alguien tan especial con quien compartir la vida.
Vicente. La casualidad hizo que nos convirtiéramos en un team. Yo todavía no me creo que alguien en apariencia tan distinto a mi confíe en mi escritura a menudo ñoña y melodramática. Sus apreciaciones, sus ideas, su empuje, sus críticas … y su paciencia por aguantar mis 140 emails (¿diarios?), han sido un motor que me ha puesto las pilas. Ha conseguido que le haga frente a la maldita inseguridad y me ha descubierto una nueva puerta por la que colarme para hacer lo que más me gusta.
Este blog. Bendita ocurrencia que tuve al comprometerme a buscar el lado positivo de la realidad. A veces me cuesta, y mucho. Siempre se me ha dado mejor quejarme o criticar que bucear en busca de tesoros perdidos. Y enfocar la mirada y concentrar mis fuerzas «sólo en lo bonito» me está haciendo mucho bien.
Y de fondo, Metamorfosis de Vega.
Este disco cargado de poemas que rebosan sentimientos se ha convertido en la banda sonora de mi baja maternal, pero podría haber puesto música a cualquier otro momento de mi vida.
En sus canciones se habla de lucha, de esperanzas, de traiciones, de esperas, de anhelos, de ilusiones, de añoranza… Se habla de un patito feo que quiere ser popular y se le está pasando el arroz y de un corazón que se siente idiota destrozado por un engaño. De un amor paciente que espera oculto en un cuadro de Nueva York, y de una chica queriendo ser la mitad de un todo… Se habla de lo extraño que se siente uno en una nueva ciudad y de los amigos que sostienen tus miserias.
Todo eso y mucho más con canciones que ponen mis pies a seguir el compás, canciones de las que te piden ser cantadas a voz en grito mientras conduces, o que te mecen y te dejan sumergirte en la nostalgia y los recuerdos de tu propia experiencia.
El primer día que llevé a los tres niños a la guardería sonaba Lolita y Hugo iba reclamando «más fuerte, mamá, más fuerte». Cuando terminó la canción empezó a aplaudir y gritó con todas sus fuerzas ¡Bieeeeeeeeeeeeeeeeen!
El entusiasmo de mi hijo que todavía no ha cumplido tres años mató de golpe mis temores.
Con su alegría supe que puedo poder.Y ya no tuve miedo a nada.
Así que mañana… Mejor mañana.
Ya os contaré.
Aclaración importante: El nombre de mi hija Vega no se debe a mi admiración por esta artista. Se lo pusimos porque nos gusta. Por esa regla de tres a Chloé le hubiéramos tenido que llamar Shakira Isabel. Y sin embargo… 😛

Mañana mejor…mañana mejor…
Me encanta esa canción!!!!!
Pues porque no has escuchado Dentro.
Ainsssssssss! Qué bonita que es!!
Me llega a pillar con 10 años menos y … uf!
Me gusta!!!!! y me gusta que Dentro, te recuerde a mi!!! 😉
MUUUAS!